domingo, 23 de noviembre de 2008

Entre líneas






        Se que a veces tus ojos
        se posan en mí como pájaros,
        pequeños y prietos
        aletean
        y de pronto, se quedan quietos
        calmos.

        Anoche estaba en la cocina
        preparando la cena,
        de espaldas a la puerta
        y tú, al entrar, dijiste:

        Estás cansada.

        Anoche me di cuenta
        que amar es también
        saber leer la espalda.
        No la frente, la mirada
        ni el cuerpo desnudo:

        una espalda
        con el lazo del mandil
        a medio hacer
        sobre la cintura.

          En la cocina,
          bajo la demacrada luz
          de un fluorescente.





    6 comentarios:

    Kalia dijo...

    A veces lo más sencillo es lo más verdadero. Y por eso quizá lo más bello. Bello poema de amor, verdaderamente.

    Abrazos.

    Caboblanco dijo...

    Nunca pensé que un flourescente podría formar parte de un poema :-)

    Saludos

    almena dijo...

    Una fortuna que alguien sepa leer sencillamente en nuestra espalda cansada.

    Besos!

    Turulato dijo...

    Amar no es eso, también. Amar es eso.
    O contemplar la inmensa belleza de tu cuerpo cansado cuando te alzas en silencio, durante la noche, cada hora y sonríes. Porque quieres.

    Trini dijo...

    Pero, para leer una espalda, no todos los ojos son válidos...

    Besos

    Leodegundia dijo...

    Amar es saber leer cualquier rasgo, cualquier tono de voz, cualquier gesto, pero no sólo eso, también hay que saber interpretar lo que se lee.
    Un abrazo y buen fin de semana.