lunes, 22 de noviembre de 2010

“En la antigua Escandinavia los exiliados se llevaban las puertas de su casa, a veces las lanzaban al mar y desembarcaban en el lugar donde las puertas encallaban. Allí construían su nuevo hogar. De este modo la puerta se convertía en el inicio de una nueva vida, en la entrada a un nuevo lugar, a un nuevo hogar. De símbolo del pasado se transformaba en el símbolo del futuro y, siempre, en una idea similar a las de patria, casa, mundo. Dicen que así se fundó Reykjavik en el año 874.”
Eduardo Cirlot. “Diccionario de símbolos”






¿Dónde hubo zaguán de sombra
y renovada lumbre?
Crecieron las zarzas
que estrechan los caminos,
el vaho húmedo y musgoso
franqueó con verdín el vano.

En estado de bruma
si te acercas
oirás la voz de los grillos,
letanía de sonajas
que penetran las ruinas
de un tiempo que se fue en manojos.

Hubo de sucederse el olvido
y guardar silencio
el asidero dulce de la aldaba.
Hubo de derribar los goznes
el puño apretado de un desconocido viento.

Pero nunca estuvo la puerta tan abierta
al olor ancho del campo
a las lindes sin pestillo
o al canto de un arroyo
cuando se cubre de pájaros.

3 comentarios:

Turulato dijo...

Leyéndote, recuerdo; leyéndote, pienso. Recuerdo lo que sentí recorriendo un pueblo abandonado del Pirineo..; tu dos primeros versos.

Y pienso en las consecuencias que trae consigo abandonar el lugar..; tus dos últimos versos.

Leodegundia dijo...

La entrada elegida para dar paso a tu poema es algo más que una explicación de un símbolo, es el sentir de unas gentes que nos abandonaron hace ya tiempo.

Y tu poema nos sumerge en esos lugares abandonados por las personas que van siendo ocupados por el musgo, las zarzas, la bruma, los pájaros, el agua, los grillos y todo lo que les ayuda para no sentir el vacío, la soledad y el silencio.

Una preciosidad este poema.

Un abrazo

TriniReina dijo...

Siempre me produce una tristeza vieja, el ver una casa abandonada. Algo como que una vez pude haber estado allí, entre esas paredes ahora derruidas. No sé, algo extraño y tu poema me lo ha recordado.

Besos y versos tan hermosos como los tuyos, Marian