viernes, 2 de julio de 2010

Caleidoscopio





Entonces advirtió que su ojo
fatigado, se dejaba caer
sumido en el vértigo febril
que dan las mareas celestes.
No es culpa de las horas
no tener peso.


Descendió hasta lo más recóndito,
hizo pie en el fondo de la lente
y emergió
titubeante
balanceándose
como boya a la deriva
en un cóctel de espejos.

A sangre,

B costumbre,

C decisión


y así más allá de Z,



zumbido




Giró el caleidoscopio
ensayando el vaivén del mundo
su perfil de fractal,
constelación de cristales
quebrados en las frías regiones
inaccesibles al blanco.

¿Será verdad que insomne,
bajo el agua gastada de sus párpados
espia el interior de una cánula
de plástico liviano
la musical congoja,
el emjambre que brilla y ya no canta
el contagioso infinito
de las órbitas errantes?

3 comentarios:

Leodegundia dijo...

Tal vez utilizamos demasiado un caleidoscopio en nuestras vidas tanto para mirar el exterior como nuestro propio interior lo que hace que no siempre podamos ver las cosas como son, si no que las vemos distorsionadas dando lugar a equivocaciones de peso a la hora de enjuiciar los actos de los demás y los nuestros
¿O será que precisamente utilizamos el caleidoscopio porque no nos atrevemos a ver la realidad tal y como es?
¡Quién sabe!

Kalia dijo...

¿Será que solo a través de la mirada distorsionada y fragmentada atisbamos alguno de los ángulos de la Belleza? ¿Será que los ojos humedecidos de tanto dolor almacenado ya no pueden otear la realidad a no ser que distorsione en fragmentarios requiebros de sí misma?

Pero la magia del kaleidos-oscopio no puede ser decadente nunca.

Manuel dijo...

siempre me gustaron los caleidoscopios , si que debe ser febril estar dentro , en las regiones inaccesibles al blanco.