jueves, 3 de diciembre de 2009

"Impostores, esos artistas que rápidamente se inmovilizan en el camino.
Pero elegidos los que van más lejos, hacia la Ley original, a alguna proximidad
de la secreta fuente que alimenta a toda evolución".
Paul Klee


"Ínsula Dulcámara" (1938) PAUL KLEE


Sin mucho esfuerzo
conseguí diplomarme,
en algo.
No era preciso que tuviera hambre
bastaba con obedecer
y no salirse del redil.
No hay que darle más vueltas
soy como los otros.

Nos enseñaron a rumiar dogmas
a impostar una condena eterna de vanidad
y culpa
envejecer sentados
enfermar de cifras lisérgicas
en olores rancios,
entontecer.

Si me hubieras visto,
orlada de mansedumbre,
regurgitando el mismo paisaje fingidor
narcotizada de visión perenne.

Y no crean que imagino
espumas de rebeldía,
sigo siendo como los otros
volvemos a la caricia desterrada
con la facilidad de las mansas bestias
que solazan su quietud
de muerte domesticada.

¡Ay, Señor!…
Si me escucharas donde me tiembla la voz…
Sí, a veces pido cada cosa…

Y Él sonríe, tierno, como un ángel azul
que se sabe acogedor de los que huyen
del país de las decepciones.




3 comentarios:

Trini dijo...

Pero, a veces, ni los ángeles azules pueden...

Magnifico, como todo verso que de tus alma escapa

Besos

Turulato dijo...

"elegidos los que van más lejos, hacia la Ley original, a alguna proximidad
de la secreta fuente que alimenta a toda evolución
"

Tristeza, profunda, íntima tristeza. Eso genera escuchar mis verdades. Saber, sin duda, que poco soy. Que a lo más, dos o tres palabras que se lleva el viento a poco que sople y que si caen al suelo se van ajando sin fruto alguno.

Un poeta, un músico, por lo menos deja caricias o lágrimas. Impulsa la vida. Pero yo era ilusiones, sueños mágicos.

Y la experiencia, sardónica, me sumergió tanto en realidades que vació los sueños.

Kalia dijo...

Ir un poco más allá, aunque sea solo un poco. Sacar pecho, enfrentarse al abismo. Desvelar, quitarse al menos alguno de los tupidos velos que nublan nuestros ojos: el vacío amenaza con tragarnos y eso es muy doloroso.

No, los poetas bailan casi siempre en el filo de la melancolía. Quizá porque atisban una realidad más real que la que llamamos dura realidad. Y a ratos se amustian, no sé si porque añoran la magia que su corazón les hacía soñar o porque saben que la vida es solo un dormitar expectante.

Esos poetas cotidianos son los que me despiertan y me azuzan, los que impulsan mi alma y la vuelven cantarina: su palabras, sus ecos, sus carcajadas. Como también aquél que sabía de cebollas.