domingo, 16 de octubre de 2011

No era muy sociable. Se llamaba Luciana.

Tenía el rostro marcado por mil puñetazos de la vida y algún otro que no pudo esquivar de su marido. La tez renegrida, los ojos pequeños, oscuros y de mirar torvo. Le faltaban dientes y hablaba a voces en una mezcla atropellada de castellano- gallego con muchos sonidos aspirados y silbantes. Su aspecto no resultaba agradable. Tampoco la vejez suavizó su rudeza y el desapego que sentía hacia su progenie. Razones tenía. Cada vez que se supo preñada, se retorcía de asco, de rabia e impotencia…

En aquella chabola había parido diez hijos vivos y se le malograron otros tantos. Sobrevivieron un varón con retraso mental y tres hijas. Luciana temía que el muchacho, que no sabía lo que hacía, abusara de las niñas. Desde bien pequeñas las empujó a buscarse la vida, regalándolas casi para fregar escaleras o cualquier tarea por la que les proporcionaran comida y cama.




Desgraciadamente, la miseria sólo atrae miseria y apenas con trece o catorce años, las hijas de los gaiteros se dejaban caer por la chabola con alguna criatura que empezaba a caminar. Y con la excusa del inminente alumbramiento de otra que venía en camino, dejaban al chiquitín hasta que se arreglasen las cosas con el padre del inocente que iba a nacer.
Y así las cosas, la descendencia del gaitero crecía hacinada en la chabola sin que sus hijas terminaran de arreglarse con el miserable de turno que las había sacado en estado… O medio se arreglaban… y fruto del arreglo, volvian a quedarse embarazadas.

A la prole que se iban olvidando en la chabola sus hijas, Luciana no le tenía el más mínimo cariño. Con cada nieto que le caía del cielo, se le revolvía en los adentros la sombra truculenta de lo vivido. Montaba en cólera, insultaba y maldecía a las hijas por juntarse con hombres que las preñaban; y luego, les importaba un farrapo de gaita desaparecer y dejarlas en la indigencia. ¿Acaso no había tenido bastante el mundo con un gaitero?


Ese potencial reproductivo de las gaiteras, era algo que indignaba especialmente a la Sra. Maximina.
Vivía en el bajo de mi portal y alguna vez que otra, les pasaba bocadillos por la ventana a los nietos de la gaitera. Los pobres críos no tenían culpa- decía. Pero cuando una tarde se arremolinaron docena y media de mocosos delante de su ventana la oí exclamar:
¡Virgensantííísimadetodoslosaparatos!. Esto ya es un no parar ¡Coime, que una no tiene ninguna obligación y al que se vuelve de miel, lo comen las moscas!... ¡Ale, largo de aquí y no volváis!... Se acabó lo que se daba.
Cerró la ventana de golpe. Supongo que le pudo más la compasión que le inspiraban los críos porque al punto se asomó de nuevo y le alargó una caja de galletas María a la más grandecita, una niña de ocho o nueve años …pero muy escuchimizada. La niña con los ojos más tristes que he visto en mi vida.

Cuando la Sra. Maximina los vio alejarse, levantó el puño amenazadoramente; y como si tuviera a las gaiteras en lontananza, voceó lo más alto que pudo ¡Desgraciadas, más que desgraciadas! Poca vergüenza tenéis de traer hijos así al mundo…Y que Dios me perdone, pero a infelices como vosotras, si de mí dependiera, ya se encargaba alguien de precintaros la coneja…

Tardé algo más en desentrañar el significado que la Sra. Maximina le daba a precintar la coneja. De hecho, no había vuelto a acordarme de semejante expresión hasta que, pasados los años, leí un artículo sobre la esterilización forzosa de mujeres en la India.

(Continuará)….

4 comentarios:

Leodegundia dijo...

Que vidas tan difíciles y que fácil es juzgar a esta gente cuando se nace en otro nivel. No sólo nivel económico si no y sobre todo nivel cultural.
Describes los personajes y las situaciones de forma tal que es fácil meterse en el ambiente como si pudiéramos contemplar las escenas directamente.
Al final me reí pues rompiendo la tragedia de esas gentes sueltas esa frase de “precintar la coneja” que le pone una nota de humor.
Te felicito, esta continuación del relato aunque pareciera imposible supera a la primera parte ¡y mira que aquella era buena!
Un abrazo y a esperar la continuación

Turulato dijo...

Hablaste del hombre. Hoy, de la mujer. Mañana, quizá sabremos lo que protagonizó su descendencia: una vida.

Como todos.. Así es si así os parece. La realidad

B.G. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kalia dijo...

Me ha gustado muchísimo el relato. Está escrito con la viveza de quien guarda la memoria de algo que le golpeó con fuerza. Y veo a aquella niña sensible que estaba muy pendiente de todo lo que sucedía a su alrededor.

La miseria físca y moral. No han pasado tantos años en realidad. Ahora nos parece tan lejano todo. Hablamos constantemente de que se están perdiendo los valores de antaño; pero olvidamos que hubo muchos tan desgraciados que vivían exactamente como los animales. No, no es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor. En realidad creo que en esta España nuestra que tanto criticamos hemos avanzado algo en los últimos cincuenta o sesenta años.