viernes, 9 de octubre de 2009

FELIPE SÉRVULO
(Acuarela sin título)



Imaginó un territorio
donde la piel siente al instante
que está en el lugar preciso.

Cuestión de temperaturas,
de tacto, vestigios
de señales que el destino lanza por si acaso
alguien tiene la insensatez de advertirlas.

Un lugar donde el tiempo admite su derrota,
donde el viento sabe tu nombre y la lluvia
es aliada del ánimo.

Soñó el amanecer más bello
que había visto en su vida,
una lluvia arrebolada mojaba el cielo,
se derramaba sobre los árboles
y llegaba hasta ella para salpicarla
con gotas de temblorosa calidez.

Sintió su piel estremecida, saciada
su necesidad de redondeces plenas,
y que sus labios- por primera vez en mucho tiempo-
se descosían de la tristeza




3 comentarios:

Turulato dijo...

Vivir la verdad del sentimiento es una insensatez. Por eso quien advierte sus señales es un insensato.

En plenitud, si...

Kalia dijo...

"Soñar", me decían no hace mucho. Sentir, diría yo, mejor que soñar. Aunque no conviene confundir, como suele hacerse, sensación con sentimiento.

Pero la belleza, la plenitud de la belleza, seguramente no es sino un sueño. Un sueño que nos hace desaparecer y confundirnos en lo otro. Un sueño que nos permite seguir vivos.

TriniReina dijo...

Descoser la tristeza con la tijeras de la sonrisa.

Imaginar, soñar, sentir...todo forma parte de la dicha de nuestro vivir.

Besos