lunes, 6 de abril de 2009



















Conozco una mujer: una quietud.
Emboscada en si misma
de sí misma, abanico asomando esfera de la luna.
En el misterio de la luz habita
como perfumada lámpara.

Conozco una mujer: una cascada de lacio azabache.
Dolor serenado viendo caer flores de ciruelo
lágrimas de fina lluvia.

Conozco una mujer: un corazón de laúd.
Yace fragante el sonido de sus cuerdas,
adormecido el arco por el soplo furtivo de los sauces.
Y con sigilo palpa el seno anaranjado del alba.

Tanto disimulo de velados párpados…para no provocar
a las flores de seda.




5 comentarios:

Turulato dijo...

En si mismos de si mismos, todos somos lunas que menguan y, pocas veces, crecen.

Sus lágrimas, rosas de tristeza, rocío en primavera.

Pálpito de vida. Quizá mañana, puede que otro día.

Kalia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Kalia dijo...

Mujer de primavera que se enrosca sobre sí misma para que la lluvia de sus ojos no encharque el alma de los que la miran.

Mujer de ilusión de luna que se asoma de vez en cuando a mi ventana para trerme un hilo dorado del amancer.

Mujer de cuerdas tensadas que resuenan en el horizonte, más allá de la luz, en las tierras de los verdes valles, en las umbrías humedades del atardecer.

Creo que conozco a esa mujer...

Algaire dijo...

Una mujer que parece encerrarse en si misma al negarse a abrir los ojos como si la única vida que le interesara se hallara en su interior.
Un abrazo

almena dijo...

mmm "una quietud", "una cascada lacia y negra", "un corazón-música"
tan diversa, tan concentrada...

Bellísimo, Marian.

Beso!