martes, 21 de octubre de 2008

A...los sueños. Especialmente, a los crecidos de mil olas





Las emociones nunca alcanzan la pureza del golpe.
Se parecen a la ruta, porque nos sostienen.
O a un niño que nos da la espalda.







La letra grande se me hace menuda
redondea cavilaciones, borrones de ausencia
salpicada materia que trae tiempo
y trae recuerdo
junto a la rampa de un muelle.


Cuando llueve,
el dolor es nube,
la nube nostalgia
la nostalgia huésped cobijado
en el alma del niño, como un arrimo.

Y en la mirada del viento…caligrafía
de pausas arrebujadas, embriagada de minucias
aquella conciencia del carvallar y la braña,
del mar, la ruta y las estrellas.

Recuerda acordes de espumero
al yacer de la siesta,
perdida la cuenta de las campanas soñar,
acostumbrar la vista a rozar sin miedo
la cabeza del monstruo.




Suena el restallar de una seda que se abre
página de un libro de destiempo,
la mirada se repliega
apurando el aroma dócil a la boca …sus luces,
rebañadas con pan de levadura madre.
Aquel decir espiral de los vapores
cuando el olvido ocupa a todas horas
y las voces no olvidadas
son presencia.

En cada renglón la palabra no espera,
quizá esa última noche en que hizo frío
vuelto hacia adentro un soplo de penumbra
anhela, en su lecho de aromas tenderse,
acariciar la voz mimosa de arenas rubias.
El ruido del vivir, el peine de los vientos
buscando un tiempo suyo entre dos olas.

Asomado al mirador,
el lamento circular de un viento sagrado
acerca todos los mares, el cortejo
de los miedos la piel estremecida,
humedecido labio en la primera sed
bajo un platanero de sombra.

Era entonces cuando el carrusel del tiempo giraba
engarzando los colores de la brisa.

Y todo es espuma para ese sueño.
Aquel mar viejo en la retina
y la sequedad absoluta del mundo,
acompasando los pulsos al vértigo de otras cimas.
La fatiga de los pájaros…la querencia de las olas.

Luego de los años, saber de la luz rosada del aliso
en las virutas doradas,otoño,amarras de nostalgia,
antiguos abrazos pendientes
mientras una luz de gasa va lamiendo los retratos.

Luz fundida a la canción verde del agua,
equipaje los sueños, mullido de sargazos.



Blancor aupado el faro se dibuja
y en cada rincón de la memoria días del corazón
- soledad acompañada-
parpadea el cauce de las estrellas
de la misma manera que su amor lo abraza
como él lo buscaba,
vecino a la mar- el sueño-
sin otra luz que el agua.


3 comentarios:

almena dijo...

Sin palabras me quedo, Marian.
Sin palabras.
¿qué decir?
te leo y "...en cada renglón, la palabra no espera..." no espera.
Se agolpa el nuevo verso en el disfrute de leerte.

Besos!

Turulato dijo...

Sentía una sensación húmeda, de mar salada, cuando me sumergía entre las sábanas.
Y luego, en un suspiro, iba oyendo el traqueteo del carro del lechero, antes de detenerse bajo la balconada de claveles.
Un suspiro..; lo que hay entre ver llegar desde el mirador los caballitos y sentir como mi cabello es campo de estrellas.

Y todo, intentar ser como la ola..

Kalía dijo...

Hay sueños (o memorias, que a veces me parecen lo mismo) que han tenido el tiempo de las olas: van y vienen, se ondulan y tienen crestas de espuma blanca.

Hay sueños también que fueron tejidos entre las olas, en muelles que miran a la inmensidad, como si en ella reposara la respuesta.

Los primeros son los sueños de las diosas blancas, de la diosa de la espuma plateada, aquella que supo nacer en el Mar y rociar el corazón de los amantes.

Los segundos son los sueños de eternidad y de bravura, los de las grandes gestas, los sueños que tiene los héroes cuando de niños juegan con un barquito en la playa, o cuando contemplan desde la ventana de lluvia el caballito gris que gira sin parar en el tiovivo

Que es circular la ola, el lamento de un viento sagrado, la espiral de los vapores, el carrusel que engarzaba los colores de la brisa, el parpadeo del cauce de las estrellas. Y tantas cosas…

Que el tiempo, ese tiempo justo que está entre dos olas, es el mismo tiempo. Y tú lo sabes. Y por eso sueñas… Y por eso, amiga, vives